El día que la tecla Enter desapareció
Mi amiga se hace vieja pues cada día amanece con un nuevo achaque y los años empiezan a pesarle. Primero empezó a perder fuerza y energía. Aún recuerdo cuando de emergencia fue conectada para que continuara viviendo. Esa noche llego la operación donde le removieron la batería, quedando esta inservible y delegada al basurero. Luego empezó con un dolor en su parte abdominal derecha, justo donde destacaba su habilidad para escribir y leer nuevos CDs. Hoy, su quemadora es un simple accesorio que conserva sin mayor orgullo.
Y hoy pude ver como ha perdido las tenues líneas que dibujan signos y letras en su teclado. Teclas que han perdido su identidad y que puedes distinguir únicamente por las vecinas que no fueron tan demandadas por mis dedos. La tecla Enter ya casí ha desaparecido, la “A”, “S” y “L” han perdido su color y aunque la “J” aún resalta su identificador, ha perdido aquella textura que junto a la “F” me ayudaba a ubicar mis dedos sin tener que prestarles mayor atención.
Tanto que me has ayudado en mis aventuras de todos los días y aunque hay cariño, tendré que pensar en reemplazarte pronto. Incluso venderte al mejor postor que quiera continuar tu tortura. Al menos mi pobre laptop no puede reclamar mi falta de atención pues día a día se sienta frente a mi y pasamos horas viendonos las caras.
