A toda velocidad
Ninguna luz roja me detendrá. Somos una bala perdida en medio de la avenida que huye sin razón aparente. La adrenalina me guÃa y el acelerador cede hasta el fondo. A mi lado sonrÃes, me miras y luego das un jalón al cigarrillo que se consume más rápido de lo normal por el viento al que lo expones en la ventanilla. Juegas con tu cabello y tu pÃcara sonrisa provoca que rÃa junto a ti. Acabamos de iniciar una locura y lo sabemos, lo estamos disfrutando. Deben venir muy cerca y tenemos que perdernos lo antes posible…
Recuerdo cuando la noche inicio unas horas antes. Nos juntamos puntualmente a las siete en tu casa. Saliste vestida de rojo y una lágrima recorrÃa tu mejilla. Ni siquiera me dejaste preguntar cuando con una mirada me indicaste que solo querÃas irte de allÃ. Sujeté tu mano y la acaricie. Te echaste a llorar en mi hombro y me hiciste detenerme en una esquina oscura. Te abracé y supiste que todo iba a estar bien.
Llegamos a la fiesta y todo habÃa quedado atrás. Tus mejillas ya no tenÃan ninguna lágrima y con un beso en la mejilla me diste las gracias. Entramos al gran salón, saludamos a tus padres, a tus tÃos y a un par de amigos. Tu hermano empezó a contarme su última aventura con aquella morena que estaba bailando en la pista. Puse un par de hielos en un vaso y lo terminé de llenar con Johny, habÃa etiqueta negra en todas las mesas y no era para desperdiciarse. Un par de tragos después nos reÃamos de los chistes de tu primo. La música aumentó el volumen y todo el grupo se levantó a bailar. Una mezcla de salsa, merengue y hasta un poco de hip-hop. Cansados regresamos a la mesa pues ya era hora de la cena.
Otra botella más se consumÃa y jugaste con tu cabello. Te veÃas alegre y sonreÃas, pero en tu cara notaba aún la preocupación. HabÃa música suave, asà que fui por ti y luego nos dirigimos a la pista. Nuevamente no se dijo palabra, sabÃa lo que sentÃas, sabÃas que estaba allà para ti.
Las agujas del reloj indicaban poco más de la media noche cuando fui al sanitario. A mi regreso toda la atención estaba en nuestra mesa. La música se habÃa detenido y en el medio del lugar reñÃas con tu padre. Tu madre intentaba defenderte pero ya no habÃa vuelta atrás. Corriste hacia la puerta y al intentar seguirte tu hermano me detuvo. Fue entonces cuando supe que era hora de cuidarte y asà se lo hice saber. Me dio tu bolsa y luego de unas palmadas en la espalda me hizo apurarme. Era hora de que huyéramos de allÃ.
Corrà al estacionamiento, tú estabas allà esperándome…
