El virus más malo
Hay tendencias que se olvidan, pero que día a día van cobrando vida. Así jamás olvidaré cuando alguien hablaba de que Internet tendría a futuro todo lo que necesitáramos utilizar y que las computadoras lejos de tener sus discos duros repletos de información, solo serian terminales de acceso a esta gran red de redes.
Día a día tenemos más almacenamiento a nuestro alcance y gracias a Google y su gmail ya no hay problema para pensar en correos electrónicos más grandotes y en enviarlos a mucha más gente. Yahoo se quiere unir a la propuesta ofreciendo la misma cantidad de espacio en sus cuentas de correo gratuito y si esto sigue en breve tendremos 1 gb por todos lados. De hecho si les gusta invertir en el mercado bursátil, revisen las acciones de Maxtor, Seagate y Western Digital entre otras empresas que se dedican a producir unidades de almacenamiento pues tienen muchos motivos para seguir creciendo y generando más utilidades a sus accionistas.
Así con el webmail, el almacenamiento de fotos, documentos y otros archivos importantes poco a poco estamos confiando nuestra información a grandes centros de datos que aunque no garantizan que nuestra información está a salvo (revisen las políticas de uso de la mayoría de servicios), muy difícilmente tendrán algún problema ya que la competencia haría huir a los usuarios si algo saliera mal.
Y entonces tendremos la información esparcida por aquí y por allá para garantizarse que los fallos no existan con la redundancia de información.
Sin embargo, siempre habrá una fuerza maligna en busca de hacerle daño a tanta información dispersa que es y seguirá siendo base del modo de vida que tenemos en nuestra sociedad. Y entonces será donde el terrorismo podría actuar sin que nos demos cuenta.
No predigo una bomba en un centro de datos o algún arma química que derrita miles de servidores en algún ataque no previsto, sino algo más simple, lógico y mejor organizado.
El virus más malo podría ser aquel que actué sin ser descubierto. Un mal a largo plazo programado para hacer daño de poco en poco hasta causar un verdadero caos en el mundo. Iría navegando junto a la información a través de la red y lejos de buscar la popularidad de su autor destruyendo archivos o infectando a miles de computadoras reenviando correos, sería aquel virus que sutilmente modificaría información relevante.
El virus más malo sería aquel que de repente pudiera cambiar un dígito, un pequeño trozo de código en alguna aplicación sin dejarla inoperativa, pero si haciéndola más lenta. Sería aquel programa que al replicarse confundiría una conexión y revelaría información a los menos indicados, el que utilizaría las redes sociales para ir generando conflictos entre conocidos. Y así modificando y corrompiendo lentamente la información a lo largo de los meses y los años lograría el verdadero daño a la red de redes que sin darse cuenta tendría información poco confiable almacenada incluso redundantemente pero sin un filtro que la haya podido salvar del avance de este malvado virus. Un montón de información que perdería su forma y nos haría recurrir a aquello que no fue digitalizado si es que aún se conserva.
Ahora que lo pienso, este virus tan malo ya podría estar funcionando, silencioso y lento por millones de bases de datos, a través de la gran red de redes y mientras tanto solo hemos detectados esporádicas faltas de ortografía y breves errores sin sentido en aquel sitio web al que tanto cariño le tenemos
