Los teléfonos celulares, las redes sociales y el intercambio de música.
Da la media noche y estoy aburrido de la música que estoy escuchando. Del sonido no puedo quejarme pues vía bluetooth tengo conectado el teléfono al home theater de la habitación y todo vibra al ritmo de las notas. Tiene además capacidad suficiente para almacenar la amplia lista de mp3s que colecciono desde hace años. Sin embargo me he quedado sin canciones nuevas. No se el nombre exacto de aquella canción que escuché hace unos días en la disco.
De repente un mensaje de texto me informa que un primo me ha agregado a su lista de contactos. Incluyó mi teléfono en su agenda telefónica y se generó el aviso que me invita a agregarlo y me da más detalles de su perfil. Está en el grupo de rockeros chapines y también le apasiona el fútbol. Su lista de canciones incluye unas canciones que no conocía y la bendita rola que estaba buscando. Las descargo a mi teléfono al costo de una llamada local.
Me entretengo por unos minutos con un video del cumpleaños de mi tío (ups, se me olvido por no apuntar un recordatorio). De repente suena el teléfono y mi primo me comenta que le gusto mi lista de canciones. Quería bajar la música rusa que tengo por allí pero anda corto de saldo y prefirió gastar sus últimos minutos del mes en saludar. De inmediato recuerdo que ayer estuve jugando “need for speed mobile” mientras descansaba en el parque y logré ingresar al “top 10″ regional. La telefónica me regaló 200 minutos por la hazaña. Es familia y eso de que se quede sin saldo a medio mes me da un poco de pena, así que le comparto 30 minutos para que tenga para un rato más.
Colgamos y sigo viendo su perfil. Allí está aquella prima que conocí en la última reunión familiar. Aprovecho a agregarla y le envío un mensaje compartiendo las fotos que tomé en aquella ocasión preguntándole por la amiga que le acompañaba. No encontré su contacto disponible pero espero que lo comparta.
Uf, ahora si me ha ganado el sueño y mi celular también debe descansar que se ha quedado sin carga por no cargarlo desde hace un par de días… ¿Dónde demonios dejé el cargador?
Los teléfonos celulares están más difundidos que las computadoras y el acceso a Internet. No hay duda que ya tienen poderosos procesadores que les dan funciones que antes solo imaginábamos en un ordenador. ¿Cuánto más esperaremos para integrar algunos conceptos populares de redes sociales? ¿Se imaginan la cantidad de tráfico que podrían generar en cuanto a intercambio de archivos a mínimos costos de llamadas telefónicas?
