Desde mi oficina puedo detectar al menos 6 redes inalámbricas de oficinas cercanas. Solo una de ellas tiene acceso restringido. Y si dedicara más tiempo a investigar, estoy seguro que encontraría muchísimas más redes disponibles.
A nadie le gustan los cables y gracias a la llegada del protocolo IEEE 802.11, los hogares y oficinas están migrando rápidamente a redes inalámbricas wi-fi.
Empresas como D-link, Linksys, NetGear y TrendNet se están haciendo grandes gracias a sus ventas en dispositivos de redes inalámbricas. No solo sirven para compartir una conexión a Internet, sino también para distribuir redes de impresión, redes de trabajo e incluso para conectar inalámbricamente la cañonera a una computadora.
La mayoría de routers incluyen buenas medidas de seguridad, pero igualmente se configuran casi instantáneamente no exigiendo al usuario la protección de su red. Y esto está generando que las redes sigan aumentando sin restricción de acceso.
Hay proyectos como el Wi-Fi Free Spots que van listando diversos puntos de conexión gratuita a Internet a través de estas redes. Estas iniciativas me encantan, pero reúnen únicamente a personas que explícitamente han compartido sus conexiones. Si se generara un directorio similar con aquellos que comparten su red sin estar concientes, podriamos ver las magnitudes de este problema.
¿Qué pasará con todos los usuarios que desconocen el hecho de estar compartiendo su conexión? ¿Deberían las empresas que promueven las tecnologías ser más proactivas en cuanto a medidas de seguridad para sus usuarios?