Unos días por la Habana

Viajar a Cuba siempre fue un sueño que tenía guardado. Cuba encierra muchos mitos que los amigos, medios de comunicación e incluso algunos catedráticos universitarios te han dejado, pero lo que encuentras al visitar la capital de esta isla rompe decenas de paradigmas. Y sin duda, hay que visitar Cuba mientras Fidel siga en el poder. Aparte que es una ciudad encantadora y romántica para quienes van acompañados.
Una ciudad histórica
La Habana llego a ser una ciudad de gran apogeo. Grandes rascacielos albergaban Hoteles y Casinos, destacado además el Malecón de la ciudad. El barrio de Vedado nos muestra una ciudad moderna y luego en la Habana Vieja encontramos un barrio que se renueva al ser patrimonio de la humanidad por UNESCO. Sin embargo, los años y el régimen que vive este país han deteriorado considerablemente a la ciudad. Miles de edificios que tienen una historia que contar están a punto de desplomarse, en total abandono y otros incluso cayeron para transformarse en parques. En el área del Malecón y la Habana Vieja se inició hace unos años un proceso de renovación de edificios que le he devuelto su belleza a impresionantes obras arquitectónicas, aunque el contraste con lo renovado y lo que podría colapsar en cualquier momento le imprime su realidad a la ciudad. Ademas, te impresiona ver cientos de carros clásicos en funcionamiento junto a algunos vehículos europeos de modelos más recientes. El transporte úrbano es un caos y entre guaguas (buses) y camellos (unos trailers que llevan un largo furgón con pasajeros) cientos de cubanos se transportan con lentitud y largas colas para tomarlos.
La Habana es un lugar tranquilo, donde se respira paz y te olvidas que estas en la capital de una ciudad latinoamericana. Aquí no hay gran crecimiento de la población pues se requiere permiso para mudarse a la ciudad desde el interior del país, resultando en un control de la población que ha evitado el tráfico y la delincuencia. Portar un arma de fuego te garantizará 20 años en prisión, por lo que en Cuba no serás víctima de delincuencia, aunque siempre hay que cuidarse de los estafadores que usan la labia de sus palabras para engañar, así como de un casual ladrón de carteras.
Aquí no encontrarás una tiendita en cada esquina, jamás verás los arcos dorados de un restaurante de comida rápida y la publicidad que te acosa en cualquier otro lugar es casi inexistente. Hay vallas panorámicas, pero con leyendas y mensajes relacionados con el gobierno: 25 millones de niños mueren al año por enfermedades curables, ninguno es cubano y otro tipo de ideas y frases que abundan en las calles y avenidas.
En las noches, dirigirse al Malecón a sentir la brisa del mar es la actividad favorita de los locales y visitantes que comparten unas bebidas con unos amigos y disfrutan de la compañía. Eso si, tampoco verás gente pasada de tragos, sino simplemente gente pasándola bien.
La gente de la habana
Cuba requiere divisas para sobrevivir y así como llegan millones de dólares de los exiliados que viven en el extranjero, el turista es el otro gran proveedor. Si tus rasgos no encajan a los del cubano, todos sabrán que eres turista y te considerarán un dólar con patas.
El cubano que habita en la Habana siempre será amigable y te abordará para pedirte fuego para un cigarrillo, te saludará adivinando tu nacionalidad (en mi caso, todo el mundo me creía mexicano) y siempre encontrará excusa para abordarte. A continuación te ofrecerán Habanos a precios de ensueño, o incluso te comentarán historias de cómo conseguir mejores precios, ofreciéndote una tasa de cambio que suena genial, pero es otra tradicional estafa en la ciudad. También te recomendarán hoteles, casas particulares, un mojito en un bar o un restaurante para cenar, con el trasfondo de que el precio será mayor sin que lo sepas, quedándose con una jugosa comisión por haberte llevado. Incluso un bicitaxi al que específicamente le dimos instrucciones del restaurante al que nos dirigíamos pretendía llevarnos a otro lugar que el consideraba mejor por el beneficio de la comisión que podría recibir.
La excesiva corrupción
El Capitolio de la Habana es el segundo más grande del mundo detrás del ubicado en Buenos Aires y por delante del de Washington. Aquí no trabaja el parlamento como sucede en otros países, sino que es un complejo histórico abierto a los turistas y que además presta sus salones para la celebración de fiestas de quince años, bodas y otros eventos. Un turista debe pagar 5 pesos convertibles para ingresar (el equivalente a 5 euros o 7 dólares), pero jamás olvidaré la noche que fuimos a tomarnos una foto frente a su fachada. Uno de los guardias que custodia este monumento se acercó a preguntarnos si ya habíamos conocido, a lo que respondimos que lo haríamos el día de mañana cuando abrieran. Pero por un par de pesos, el se ofreció a abrirnos las puertas del lugar para que tomáramos una visita privada fuera de horarios al público.
Más interesante fue el caso en que fuimos a buscar un hotel en el área de Centro Habana. Al ingresar a la recepción el botones nos abrió la puerta y saludo. Al preguntarnos que necesitábamos le dijimos que queríamos saber los precios del lugar, alertándonos que el hotel era de precios elevados y que podía conseguirnos una casa particular a la mitad del precio en el mismo vecindario. Por curiosidad quisimos ver la casa, por lo que el mismo botones llamó a una señora para que nos guiara utilizando el mismo teléfono de la recepción del hotel. Después de todo, los hoteles son del Estado y los empleados no tienen ninguna razón para serle fieles a su institución.
Pero aparte de estos dos casos, no olvidaremos los taxis, mototaxis y bicitaxis que sin permiso nos ofrecían un paseo corriendo el riesgo de ser multados por llevar turistas sin licencia, pero la necesidad de dinero hace que día a día tomen este riesgo.
Las playas de arena blanca
Hay muchas buenas playas por Cuba, siendo las más famosas las de Varadero, un sector turístico plagado de extranjeros. Tuve la intensión de ir, pero nos llamó la atención el sector de Playas del Este, un complejo de casas de playas ubicado a pocos kilómetros de la Habana y donde muchos turistas son acechados por locales en busca de parejas que los saquen del país. El ambiente nuevamente conservaba una gran tranquilidad a pesar de la popularidad del lugar y siempre con música cubana de fondo de una banda local que complacía cualquier antojo de los visitantes por unos cuantos pesos.
La Habana tiene una amplia variedad de museos para visitar, destacando además la Fortaleza de San Carlos de la Cabaña donde se celebra un cañonazo todos los días por la noche. A su lado, el Castillo de los Tres Reyes Santos del Morro que tiene a su lado un faro que da la bienvenida a la Bahía de la Habana. Encontrarán plazas, parques y grandes espacios públicos. En el monumento a la revolución destaca una gran torre y la estatua a Jose Martí, destacado cubano que también tiene su propio museo cerca de la estación del tren. Allí también está un rostro gigante del Che, importante ícono que encontrarán por toda Cuba.
Y para quienes van con la intensión de adquirir recuerdos, muchas pinturas típicas de la región cubana y artesanías están a la disposición en mercados preparados para el turista.
Se aprende muchísimo en Cuba y se puede convivir con gente que lleva un estilo de vida diferente al nuestro, cayendo en ilegalidades por muchos lujos en la isla como contar con un servicio de televisión por cable o Internet en casa. Hablando de Internet en Cuba, debo confesar que fue un buen descanso el visitar esta Isla pues los precios eran excesivos pagando unos 7 u 8 dólares por hora de servicio con una velocidad bastante mala.
Visiten Cuba si pueden y aprovecho a compartirles algunas fotografías de mi visita.
