Una taza de café por la mañana
Como todas las mañanas, Michael Byte llega a su oficina con cara de desvelo. Estos últimos días había estado involucrado en un nuevo proyecto desarrollando un portal. El sistema de contenidos estaba casi listo, aunque las incontables horas de trabajo extra y nocturno ya le afectaban la sonrisa.
Michael se dirigió al comedor y saludo a Cynthia quien se preparaba un capuchino. El también se acerco a la cafetera y tomó una taza de café regular, junto a algunas galletas.
Al igual que millones de usuarios de computadoras en el mundo, Michael ubicó su taza de café junto a su computadora. Poco a poco la iba consumiendo mientras revisaba su correo, descubriendo que por error había recibido un mensaje privado entre su jefe y su asistente. Al parecer estos dos estaban teniendo un amorío que ya no podía continuar por las sospechas de la esposa. Michael leía con detalle la conversación entera que se había ido guardando entre los diferentes mails, para luego llegar a sus manos.
La tranquilidad del lugar solo era interrumpida por el zumbido de los servidores y Michael se devoraba el chisme, pensando en compartirlo por Messenger con el resto de compañeros de trabajo.
Michael!!! – gritó Pablito, el mensajero, logrando que nuestro desvelado amigo diera un salto de su silla y con la mano volteara la taza de café sobre su computadora. La pobre se apagó instantáneamente luego de una pequeña explosión lanzando una nube de humo.
Desde entonces Michael ya no toma café junto a su escritorio. El jefe no se enojó y hasta le compró una mejor cuando se enteró que no había podido ver los mensajes de aquel día.
