La Tomatina de Buñol
Los camiones van entrando al centro de la plaza y mientras el calor y la masa humana se va desplazando, un tomate golpea tu pecho, otro más la mandíbula, esquivando a tiempo una botella y una camisa rota con nudos y mojada.
Hay más de 30 mil personas en una plaza diminuta del pueblo de Buñol a una hora de Valencia y esta es la Tomatina. Sin duda uno de los eventos más curiosos que había oido en historias de algunos amigos. La realidad es mucho más masiva de lo que imaginas, es una experiencia inolvidable.. Y eso si, no la pienso repetir tampoco.
Llegue a Valencia temprano en la madrugada sin haber dormido mucho en el bus. Luego tomé el tren de las 7. En el último vagón encontré un lugar, apretado entre la multitud. Me acompaño un buen amigo Peruano y el resto del grupo simplemente se desapareció entre la multitud que ya estaba en la estación por la mañana.
Llegas a Buñol y todo bastante bien organizado. Te bajas del tren y ya hay ventas suficientes de Sangría, Cerveza. Lentes para nadar, playeras, bolsas plásticas y cámaras desechables.
Seguimos avanzando hasta la plaza y cuando llegamos, creí que era una calle más de la localidad. La plaza es realmente pequeña y ya estaba saturada. Al fondo el palo encebado y los primeros intentos de alcanzar el jamón. Intentó mucha gente, incluso algunas chicas. Cuando alguien estaba cerca de alcanzarlo, otro más trepaba detrás para detenerlo, para regresarlo al inicio. Unos chicos de Australia me preguntaban que porque la gente no se ayudaba. Es una competencia y no se si lo importante es tomar el jamón o ver que nadie más lo tome. La gente, llegada de todas partes del mundo y en su mayoría extranjera van coreando el “Olé, Olé, Olé, Olé!”
A medida que iban pasando las horas la desesperación de la gente se hacía presente. Un grupo de borrachos rompían camisas del que aún la tuviera puesta. De un lado de la plaza refrescaban con mangueras de agua. Del otro, solo sentías que caía cerveza o sangría del cielo.
Dieron las 11 y sonó el arranque de la guerra de tomates. Al fondo olía a ensalada. La plaza está llena y aún así, un camión con kilos de tomate empieza a desplazarse entre la multitud. Caen los primeros tomates y te pones tu lentes (mismos que por cierto una camisa voladora me arrebató de la cabeza). Tienes que mantener el equilibrio y ves como algunas personas empiezan a nadar en el tomate. Llegaría un segundo camión, un tercero… Y es entonces cuando la plaza ya está llena de tomate, tu piel está arrugada y perdí de vista a cualquier conocido. Me refugié en el área de las mangueras y disfruté del agua helada.
La salida de la plaza sería la parte más complicada pues la masa te lleva mientras caminas sobre pasta de tomate (para este entonces tenía además mucha hambre, sed, pero sobre todo una necesidad de salir ya de la multitud).
Finalmente salí, busqué las duchas y hay que agradecer a los vecinos de Buñol que salen de sus casas con manguera en mano para ayudar a los visitantes a limpiarse.
Luego a la estación de Renfe, que sin duda se ganan el premio a los más faltos de previsión y desorganización que puedas imaginar. Si salir de la plaza fue difícil, entrar al tren (aumentan el número de trenes pero siguen siendo insuficientes) fue más difícil aún. Esperas fuera de la estación con el sol pegándote con fuerza cuando dan más de 30 grados de calor y la agresividad de la batalla continúa pues te seguirán empujando.
Confieso que lanzarle tomates a la gente es un buen ejercicio de relajación. Pero esquivar botellas no tanto, ni tampoco cuando una avalancha humana te lleva rebotando por las calles. Fotografos habian muchos, algunos terminaron con la cámara llena de tomates por no ir tan bien preparados. Vean las fotos que ya van llegando a Flickr sobre la tomatina.
Sobreviví a la Tomatina y no tengo ganas ni de Gazpacho, ni ensalada con Tomate y tampoco Ketchup por un buen rato ;)
Un video que encontré del año pasado sobre la Tomatina:
